Parte 4

| October 31st, 2006

mayo 5, 2005

Aventuras con el peligro Volúmen 1

Parte IV

Antes de empezar con el texto en forma, un paréntesis, una trivia cultural, por ponerlo así.

¿Nunca se han dado cuenta que en los relojes con numerales romanos (sobre todo en los viejos- antes de los década de los 50’s) el número 4 aparecía así IIII en lugar de ser IV? Todo un misterio, de los pocos en los que realmente no sé por dónde investigar. Si alguien conoce la raíz de esta costumbre aparentemente sin sentido le ruego encarecidamente que me informe de ello.

Ah! otra cosita: Loko convoca a su Primer concurso bloggero de conocimientos basura. Un regalo sorpresa que será posteado en esta página a la persona que me pueda contestar lo siguiente:

¿A qué hora es la que aparecen la gran mayoría de los relojes de manecillas en los catálogos, y porqué se coloca la flecha de la hora y minutero en ese ángulo?

Ahora sí – a darle átomos, como dijo mi abuelo:

Después de un buen rato en el cual perdí completamente la noción del tiempo (más tarde me daría cuenta de que en realidad habían transcurrido menos de diez minutos… pero ya ven, la soledad y desesperanza convierten a los segundos en años, a las horas en siglos, ¡a los días en EONES! ¡oh, el horror!) en compañía del rugiente mar a mi flanco izquierdo pude en la playa vislumbrar señales de vida humana. Así es, a escasas centenas de metros donde me había detenido a hacer berrinches una familia vacacionaba al más puro estilo redneck, con un camión de esos coloquialmente conocidos por el singular mote “TONELADA” adaptado como casa de campaña rodante. Juro por el rostro de mi padre que la caja tenía un leve olor a excremento de caballos que me llegaba desde lejos.

Pocas veces me ha dado más gusto buscar entablar una conversación en vivo con completos desconocidos. La señora, fodongueando a toda madre en el asiento del tonelada, los niños de 5 a 6, con edades que curiosamente también iban de 5 a 6, el papá echándose un caguamón bien helado sin camisa y con un prominente estómago no de lavadero sino de lavadora con miras a expansión a lavandería… en el radio estaba el Buki, los Yoniks/Temerarios o lo que fuera retumbando…. pero en serio que hubiera podido ser una tribu troglodita y antropófaga, o una tropa de skinheads neonazis racistas y seguiría igual de feliz.

¡ERA GENTE! ¡VIDA SENTINENTE! ¡Capaces de comunicarse y concientes de sí mismos a cierto nivel! Mi mente automáticamente relacionó el automóvil con la salvación. Imágenes de metrópolis futuristas (como la de los Supersónicos) desfilaban ante mis ojos con mirar un esa pieza de tecnología… metal, caucho vulcanizado, plásticos, electricidad… en serio que tienen que perderse por menos de una hora a esa edad para revalorar todas las comodidades que nuestro mundo civilizado ofrece. Me sentía como Tom Hanks en “Castaway” (y eso que no he visto la película… y que no tenía un balón de volleyball marca Wilson con quien platicar).

Pues por fin, tras asegurarme de que no era un espejismo (el olor a cacas equinas ayudó, en parte) me acerqué sin tiento y les expuse mi dilema a los señores, con el tacto que siempre me ha caracterizado:

“Hey, ¿qué tal? Disculpen, buenas tardes, ¿son de Hermosillo?”
“Sí mijo”
“Ahh… oiga ¿y de casualidad no tendrán chanza de darme un raite cuando vuelvan?”
(Silencio incómodo… supongo que estarían preguntándose quien demonios era ese chango fresita panzón, empanizado en arena y evaluando mi grado de peligrosidad. Algo debo de haber hecho bien, o de plano estaba tan miserable que daba lástima porque el señor dice)
“Cómo no mijo, pero vamos llegando”
“Ah, no hay problema, los espero.”
“…”
“…”
“…”
“¿Oiga y para que horas salen mas o menos?”
“Pa’l Miércoles, mijo”

Mócoles. Era sábado.

“Ah…” – me dije a mí mismo, inteligentemente y evaluando la situación- “Ah… pues, umm… este… ¿no saben dónde hay un teléfono cerca?”

Definitivamente opino que el nivel de patetismo que emanaba era alto, porque los señores se voltearon a ver con cara de “este chamaco baboso y zambo no va a durar vivo otra hora por sí mismo” y con un suspiro de resignación desenterraron las estacas que mantenían la lona / carpa pegada a la arena y a la caja del camión, llamaron a la tribu de niños que felices retozaban entre las olas y me dieron un aventón a la comandancia de policía de Kino Viejo. Efectivamente, había un poquito de cacas en la caja del vehículo.

Continuará…

Parte 3

| October 31st, 2006

abril 30, 2005

Aventruras con el Peligro, Vol 1

PARTE III

Mi reloj biológico, afinado durante una plétora de campamentos, capaz de desafiar días nublados que auguran lluvias torrenciales y sus posteriores calmas chichas (término náutico) me decía que en base a los gruñidos estomacales y la posición del sol (Oh sí, y el importante factor que el regreso a Hermosillo estaba planeado a las 4:00) posiblemente podría caber la posibilidad de que en un momento dado, su el hado, las circunstancias y condiciones fuesen correctas era de esperarse suponer con ciertas reservas que fueran cerca ya de las cuatro y media de la tarde para cuando llegué de nuevo a aquel fatídico lugar. Mi reloj digital Sonrics sin embargo me desmentía poniendo en su carátula que eran las 2:45 de la tarde.

Bueno, dejémoslo en 3:00 PM, aproximadamente. Ni pedo, ni tu ni yo maguito Sonrics.

Silencio. Arena. Calor. Cara interna de los muslos lijados. ¿Cuántas malditas veces hará falta escribir estas palabras para llegar a expresar lo que sentía en esta desesperante situación? ¿porqué no somos como los esquimales, con un chingamadral de palabras para decir “hielo”? somos gente de desierto, a fin de cuentas… resulta absurdo que DUNA sea el único término para decir “loma de arena” … y ya que estamos en esto… ¿qué onda con “arena”?

De ahora en adelante procuraré decir “roca y materia proveniente de las conchas de ciertos moluscos pulverizadas, de diferente grosor y calibre por la constante erosión eólica y acuática, aparte del paso del tiempo, con un rico contenido de fosfatos, calcio y silicio, ya que es el mineral más común en la corteza terrestre porcentualmente” o por sus siglas RMPDCDCMPDDGCCEEYAAEPDTCURCDFCYSYQEEMMCENCTP para ahorrar tiempo en lugar de nada más “arena”. Si la gente del mundo pensara más como yo y menos como ellos, serían endemoniadamente eficientes y felices… pero noooooo…

*Loko recoge el ladrillo que acaba de romper su ventana. Tiene una nota con muy mala letra que dice: déja de decir babosadas y continúa con la historia.

*Ahora Loko recoge una daga en la puerta, una vez más, con una nota anexa: …and I mean it!

Disculpad lectores, ahora de regreso a la duna. Arrakis es un planeta donde la espe…

*Una flecha en su sombrero, con una lágrima de sangre embelleciendo un pedacito de cuero cabelludo en su afilada punta, y esta vez sin nota, convence al buen Loko que quienquiera que esté arrojando objetos por su ventana no debe de ser ignorado con tanta soltura.

Bien. Tres de la tarde, duna de el estero en Bahía de Kino. Púber idiota mirando dos marcas en la arena que entran, forman dos círculos y salen despedidas en dirección a la carretera. Fue ahí, en ese momento, al mirar las 8 huellas de llantas (uno de los carros aparentemente no entró en la arena y se quedó en la terracería) dejando dos círculos casi perfectamente concéntricos donde caí en cuenta.

MEDEJARONNOMAMESQUEPEDOMEDEJARONYYANOVANAVOLVER

Me senté, creo que lloré un poquito, tiré al suelo y le pegué de patadas en franco berrinche toda mi colección de conchitas, renegué de mi nombre, mi mala suerte, mi estampa y de mi fe. Me lancé a caminar refunfuñando por la playa en dirección contraria al campamento. Por uno de los matorrales vi pasar una enorme serpiente roja (definitivamente, tras realizar una exhaustiva labor de investigación sobre ejemplares sonorenses una Arizona elegans o Rhinocheilus lecontei) – situación que me sacó soberano susto y me enseñó que más valía viajar sobre la parte mojada de la arena. Aunque ya en esos días conocía el método para someter a una serpiente alterada a la que sin querer uno molesta atravesándose en su territorio, prefería evitar encuentros de tal naturaleza.

to be continued…



Parte 2

| October 31st, 2006

y vamos: PARTE 2

Pues como es obvio, al caminar, tarde o temprano llega uno a su destino. Llegué al sitio de las dunas… nada, nadie. Bueno, estaba yo, pero eso se explica por sí mismo (quiero creer…) y la silenciosa soledad que sólo puede existir cuando un niño de 12 ó 13 queda olvidado en las faldas de un cerro de arena. Ahora sí, les pido que depositen su fe en mí y crean en la veracidad de la siguiente oración: aún no me caía el veinte de que en realidad mi maestro titular, los tres instructores y mis veintitantos compañeros se habían olvidado de mi existencia en una playa desolada. Lo juro por el osito Bimbo. En fin, era optimista e ingenuo, cuestión que para el día siguiente estaría resuelta.

Pero debo dejar de divagar revolcándome en el profundo odio a mis días mozos y las infortunadas circunstancias que los rodearon. De vuelta en la playa el joven Loko había ideado un gran plan. Llamémosle “Plan: AMAZING” porque ciertamente mi mente es capaz de generar planes asombrosos y sorprendentes a la velocidad de la Luz. (Luz, por cierto, es una enfermera artrítica y con un evidente sobrepeso de avanzada edad que solía trabajar en el Hospital General en Mexicali, Baja California. Para futuras referencias, si me encuentran comparando algo con la “velocidad de la Luz” así con mayúsculas – sépase que hablo de una velocidad que rivaliza con la de un caracol bajo efectos de mezcalina)… ¿en que iba?

Ah, cierto, el Plan.

El Plan: AMAZING consistía en devolverme caminando de nuevo hasta el campamento, mirar desconsolado el panorama y volver una vez más (de nuevo, a patín) hasta la playa olvidada por los dioses, de cuyo nombre no deseo acordarme y que sin embargo me acosa con sueños macabros propios de la ribera de la noche plutónica. So pena de sufrir una abrasión masiva en la cara interna de mis muslos, cortesía de la sal, el calor, el sudor, la falta de acceso a agua potable y sobre todo los granos de arena que como parásitos en la panza de un niño somalí se habían depositado sobre mi suave y tersa piel de chamaco cremita. En fin, el plan según mi óptica torcidamente teletubbiesca (excelente neologismo, si me permiten) ruled in hell y nada ni nadie en ese infierno dorado me iba a impedir seguir adelante con él.


to be continued

Abandonado en Kino, Volumen 1

| August 14th, 2006
PARTE I

De cómo el Loko fue olvidado en su adolescencia temprana y pubertad tardía en una playa de la Bahía de Kino Viejo.

ó

Dícese de las desventuras ocurridas al aprender la importante lección de cómo aprendí a no confiar en mis semejantes.

Todo comenzó de manera inocente. Una excursión escolar a la playa, casi como cualquier otra - fin de semana con sol y mar sobre la piel y arena en los calzoncillos.

(insert slow surf music)

Contaba yo entonces con la tierna edad de doce o trece; edad donde obtenemos ese inrasurable bigote de leche, en la cual los peligros en el coliseo comienzan a surgir muy monos, los pelícanos en las bisagras y ese desagradable olor a cebolla curtida acompañan nuestros días de verano. Yo no era el más social ni carismático de mi salón, tampoco el más fuerte, inteligente o despierto (como pronto verán, cosa obvia) pero definitivamente era el más aventado.

Ya por esos días se habían definido algunos rasgos de psicópata (ya fumaba, me gustaba leer, me daban … bueno me siguen dando… miedo las mujeres, pasaba grandes ratos a solas, tartamudeaba… ustedes saben, el paquete completo) y para mí ir a la playa se reducía más o menos a caminar por la arena identificando restos de crustáceos, moluscos, celenterados, equinodermos, peces papel, peces bolsa del VH y los elusivos pero siempre presentes peces botella de cerveza (Tecatus hidrófilus vitreos). Es entonces evidente que no participaba mucho de los rituales deportivo/paganos en los que mis compañeros se jogloriaban por practicar (carreras de natación, frisbees, hacer castillos, football playero, bolleyball, tochito en fango marino… ¡por los dioses! TO-CHI-TO en FAN-GO ) Pues fue así, que el último día de la excursión, a pocas horas de emprender el regreso a la metrópoli de Hermosillo que la horda de orangutanes desaforados al cuales por compañeros de aula tomaba decidió unánimemente que la mejor manera de terminar el viaje y despedirse de la madre océano era ir a brincar a las dunas.

Mugres dunas verticales de 10 metros que para lo único que servían era atascar más arena en mis partes nobles. Y que claro, costaba un trabajo del carajo subir… ¿para qué? para segundos después de que llegaras a la cima, resoplando y con la cara roja, te lanzaras al vacío sin garantía alguna de que debajo de toda esa mole de arena y matorrales no te esperara un santo peñasco, listo para verter tu sangre en la malagradecida y peregrina playa. O un alacrán güerito o una serpiente coralillo, o un tiburón terrestre, qué se yo… en fin, está claro. ¡A fe mía! después de ver con cara de incredulidad a mis contertulios trogloditas (ah, y al maestro) perder valiosos minutos de sus vidas derrochados sin piedad emulando a los lemmings, decidí que era momento de dirigirme al campamento para esperarlos en el carro. Suficiente sol, sal, arena, comezón y testosterona saltando por un día.

Pues ahí va el Loko versión chibi, figura solitaria por la playa, con los bolsillos del malhabido short deformes por la cantidad de caracoles y almejas coleccionables, gozando la humedad de la tersa arena filtrarse entre sus dedos, parándose cada dos o tres minutos para perseguir cangrejos violinistas o una enorme jaiba a los cuales se puede torturar arrancándoles las patas, camina que te camina hasta llegar a el campamento.

2:00 PM

Al campamento vacío.

(End slow surf music)

Los sleepings, tiendas de campaña, las dos combis Volkswagen y la Suburban del año eran un recuerdo… trazados en la arena estaban las huellas de la malparida caravana que nos transportó hasta el estero y de su inesperada huida. Yo (inocente y estúpidamente) interpreté el hecho como una broma pesada (no sería la primera vez). Refunfuñando, pero sin alarma me dirigí a pié, con la entrepierna francamente rozada por la terracería que atravesaba las benditas dunas.
¡No se pierdan, lectores el próximo capítulo!